¿Cómo ser plenos en Cristo? 

Cada vez que tomamos la Santa Cena en nuestra iglesia, hacemos lectura del pasaje 1 Corintios 11: 23 – 26, en donde recordamos este acto de amor que hizo Cristo por nosotros, poniéndolo a Él como el centro de esta acción. Generalmente, le damos énfasis al sacrificio de Cristo en la cruz tal como lo plantea Isaías 53: 4 – 5, en donde entendemos que Cristo murió por nuestros pecados, nuestros dolores y también por nuestras rebeliones; pero aun cuando este pasaje lo repetimos constantemente, no somos capaces de comprender a cabalidad la grandeza de sus palabras y de su sacrificio, y tendemos a olvidar que también su muerte fue a cambio de nuestra paz.
Cada vez que tú y yo participamos de la Santa Cena, y comemos el pan y tomamos el vino, que simbolizan su cuerpo y su sangre, debemos entender que Él también pagó por el precio de nuestra paz.

La palabra PAZ en el hebreo es “Shalom”, la cual se comprende como PLENITUD; cuando alguien tiene paz, no solo es feliz, sino que es pleno, y es próspero.

Cristo no solo murió por mis pecados, dolores y rebeliones, sino que también por mi plenitud: Él murió por nosotros, para que tú y yo seamos total y completamente felices. Pero, ¿por qué Jesús le dio tanta importancia a nuestra paz? La razón está ligada a una característica innata en los seres humanos; estamos llenos de temores y Él sabe que sin su sacrificio no seríamos capaces de alcanzar la plenitud.

Podemos vernos reflejados en esto en Juan 20: 11 – 15, cuando Jesús ya habiendo sido crucificado, María fue a ver su tumba y se encontró con que el cuerpo de su Señor no estaba, lo que la hizo caer en llanto, por lo que un ángel la vio y le preguntó ¿por qué lloras?  –María no entendía que Jesús había resucitado y fue Él mismo el que le hizo la misma pregunta de ¿por qué lloras?– Lamentablemente a ella no se le había revelado que su Señor había muerto para pagar por sus dolores, pecados, rebeliones y también por su paz. Así mismo, hay muchos de nosotros que aun lloramos y no comprendemos que no podemos permitirnos el llorar, cuando Cristo hizo el mayor sacrificio para que cada uno de nosotros fuésemos plenos.

Es necesario que el día de hoy dejemos nuestras dudas y preocupaciones en la cruz de Cristo, para que seamos llenos de su felicidad, ya que tal como se establece en Romanos 14: 23, no podemos dudar más, ya que todo lo que no proviene de fe es un pecado.

Tal como dice Colosenses 2: 13 – 15, Cristo nos dio vida juntamente con Él y nos perdonó cada uno de nuestros pecados y anuló el acta de los decretos que había contra nosotros y la clavó en la cruz. Él no hizo nada a medias, Jesús hizo su labor completa para que seamos plenos en su presencia. Teniendo conocimiento de esto, no podemos permitirnos más sufrimiento y amargura en nuestra vida:  ¡Él murió para que fuésemos felices!. Para que la paz de Dios nos inunde y dejemos atrás los pecados, dolores y rebeliones. No podemos seguir llorando por nuestros problemas, sino que debemos llenarnos de fe y esperanza para ratificar que su gran sacrificio no fue en vano.

Jesús nos entregó paz, pero también como dice Efesios 1: 18 –  22 nos alumbró para darnos entendimiento, para que entendamos que hemos sido llamados a esperanza, entregándonos toda autoridad, poder y señorío, a la Iglesia sobre principados y potestades.

Jesús siempre fue consciente de la necesidad de paz en nuestras vidas. Es por esto que sus palabras no fueron en vano, porque conociendo las debilidades humanas, sabía que estaríamos llenos de temores. De tal manera vemos en Juan 20: 19 – 22, que Jesús al aparecerse delante de los discípulos, lo primero que proclama es la paz para ellos y no solo una, sino dos veces, y habiendo dicho esto sopló sobre ellos para que recibieran al Espíritu Santo.
Tal como lo hizo ese día, Dios quiere que hoy, cada uno de nosotros recibamos paz a través del Espíritu Santo, a través de su soplo de vida (Génesis 2: 7), para que comencemos a vivir en su paz, para que hagamos valer en nuestras vidas el sacrificio que hizo Jesús en la cruz.

Desde hoy en adelante debemos renunciar a esos llantos de amargura. No podemos permitirnos llorar con desesperanza y sin fe, más aun cuando ya hemos conocido su maravilloso sacrificio de amor.
Durante mucho tiempo, como Iglesia, entendió el sacrificio en la cruz, solo como el perdón de los pecados. Pero desde hoy en adelante, debemos comprender que Jesús murió por nuestra plenitud, para que permitamos que su soplo de vida nos llene de su paz.

Desde hoy en adelante seamos felices y plenos en su presencia, para que el sacrificio en la cruz se vuelva una realidad en la vida de todos nosotros.

Pr. Fernando Chaparro