El Espíritu del Señor está sobre nosotros

En el pasaje de Lucas 4:16 – 20, leemos acerca de la oportunidad en la que Cristo, teniendo la costumbre de asistir a la sinagoga, leyó la profecía que se encontraba en el libro de Isaías 61:1 – 2, en donde proclama que el Espíritu del Señor está sobre Él, lo que establece una profecía en primera persona en la que Él dará buenas nuevas, sanará, pregonará libertad y dará vista a los ciegos.

Muchas veces hemos leído este mismo pasaje y lo hemos entendido solo como si Cristo fuese el único capaz de haber pregonado esa palabra, pero en realidad hoy Dios nos quiere enseñar que cada vez que leamos este pasaje bíblico seamos capaces de apropiarnos de esta palabra, para establecer, así como aquel día Cristo lo hizo, estas acciones en nuestra vida. Dios nos muestra la necesidad de creer en esta promesa como nuestra, pregonarla en primera persona, para darle sentido a esta palabra en nuestra vida y en la de nuestras familias. Cuando tenemos la capacidad de darle vida a esta palabra, comenzamos a dejar de depender de lo que suceda en el mundo; ya no importa mi estado actual, mi pobreza, las proyecciones de la economía o las políticas que implementen los gobiernos. Cuando entendemos que el Espíritu de Dios nos ha ungido, comenzaremos a depender solo de Él.

El día en que Cristo leyó en la sinagoga aquel pasaje del libro de Isaías, no lo hizo por casualidad, sino que lo hizo cuando se le fue revelada la necesidad de la gente que estaba en aquel lugar. Su palabra fue proclamada no en vano, sino que para aplacar las necesidades de la gente, para que aquella promesa sea una esperanza para la vida de todos los necesitados. Tal como lo establece el versículo Salmos 9:18, no para siempre será olvidado el menesteroso, sino que llegará esperanza a ellos a través de Cristo, de las buenas nuevas que sean proclamadas.

Según los últimos estudios en el país, la mitad de los chilenos gana aproximadamente $300.000 (Trescientos mil pesos), sumado a que al menos un 22% de los chilenos vive en pobreza y un 11% vive en la extrema pobreza. Esa es la realidad actual de la economía de nuestra sociedad. Cuando conocemos esta difícil realidad, es complejo mantener la esperanza de que vendrá algo mejor, pero en estas circunstancias lo único que queda es mantenernos ricos en fe, tal como se estableció en Santiago 2: 5, ya que Dios ha elegido a los pobres de este mundo para que sean herederos del reino que ha prometido. Ya sea porque nosotros vivimos en pobreza o que nuestra familia se enfrente a la realidad, hoy Dios nos exhorta a recordar que Él nos ha ungido para dar buenas nuevas, para que no perdamos la esperanza, para ser ricos en fe y a través de eso convertirnos en herederos de su reino. En simples palabras, Dios requiere que nosotros tengamos la iniciativa de creer su palabra en primera persona, como realidad en nuestra vida y así mantenernos ricos en fe.

Un ejemplo de aquello es la palabra encontrada en Mateo 14: 15 – 19, en donde vemos un ejemplo claro sobre la bendición de Dios para sus hijos. Cuando los discípulos le comentaron a Jesús sobre la necesidad de la multitud, (quienes dada la cantidad de horas transcurridas tenían hambre), Jesús decidió darles de comer , y lo hace con lo que había, o sea, los cinco panes y los dos pescados. Entonces ordenando a la multitud que se sentase, miró al cielo y bendijo y comenzó a repartir los panes y los peces, para entregarlos a la gente. Este milagro requirió no solo de la voluntad de Jesús de ver la necesidad de la gente, sino que fue necesaria esa relación entre Él y su Padre, la que se refleja en su mirada al cielo antes de bendecir. Este ejemplo nos muestra que la bendición de Dios está disponible para nosotros sus escogidos, pero para esto debemos reconocer la necesidad y mirar al cielo y pedirle su bendición. Cambiar nuestra realidad de necesidad depende de nosotros, de mirar al cielo y pedirle su bendición; necesitamos para esto mantenernos ricos en fe.

Dios nos revela que debemos hacer realidad en nuestras vidas su promesa de buenas nuevas, de libertad y sanidad. Nosotros tenemos la necesidad y por tanto es deber nuestro acercarnos a Él y mantenernos ricos en fe, para así cambiar nuestro escenario actual y esa promesa de unción que proclamó Cristo, vivirla nosotros y nuestras familias. Dios nos entrega la oportunidad de creer que estamos ungidos para anunciar las buenas nuevas a los pobres, para proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos para pregonar el año agradable del Señor.

En este día, tomémonos de su palabra y su promesa, creamos que hemos sido ungidos y que el Espíritu de Dios está sobre nosotros y comencemos a caminar en  fe y en su bendición. Dejemos de depender de los escenarios actuales y solo creamos, que si Él un día leyó que pregonaremos las buenas nuevas a los pobres ¡Es porque así será!. Porque dejaremos de lado nuestra pobreza, si nos mantenemos ricos en fe, para así levantar a otros pobres, porque dejaremos de ser oprimidos, para así entregar libertad a otros oprimidos y dejaremos de ser ciegos, para así entregarle vista a los que no la tienen. Porque así como Cristo lo hizo un día, desde hoy en adelante hagamos de esta promesa una realidad en nuestras vidas.

¡Amén!

Pr. Fernando Chaparro