La tormenta perfecta

Dios nos quiere hablar hoy a través de la historia de Pablo en Hechos 27:15 -17, en donde se vió confrontado por una terrible tormenta cuando iba de camino a Roma como prisionero.  El barco llevaba días navegando y deteniéndose en distintos puertos, pero a medida que avanzaban  la tormenta se ponía cada vez más y más peligrosa, lo que llevó a Pablo a hablar con los dueños del barco, advirtiéndoles sobre los terribles efectos que podía tener la tormenta en aquel viaje.  Aun cuando Pablo habló, nadie lo escuchó y con el pasar de los días, su advertencia se transformó en una realidad, de tal manera que los tripulantes del barco, impactados por la potencia de la tormenta, comenzaron a quitar la carga y arrojarla al mar. Y dándose  por vencidos, se dejaron llevar por la tormenta, perdiendo toda esperanza de salvación.

Toda nuestra vida avanza a través de procesos, y así como en ocasiones nos toca navegar en calma, en otras ocasiones  nos toca enfrentar duras tormentas que nos hacen creer que ya todo está perdido. Y frente a esta situación, generalmente tal como estos tripulantes nosotros también nos damos por vencidos, dejando que la tormenta nos lleve a la deriva,  ya que nuestra esperanza se ha perdido por completo. Pero Dios nos habla hoy, tal como lo hizo con Pablo en Hechos 27:21-25,  que aun estando en la tormenta, no perdamos la esperanza , porque así como vino a Pablo un ángel que lo animó y le recordó la bondad de Dios, hoy Dios te recuerda a ti que si estás pasando una tormenta, no creas que ésta determina tu vida: Quien determina el camino de tu vida es Dios.

¡Mi destino y el tuyo está escrito por Él! Anímate, porque tal como le dijo el ángel a Pablo, “ninguno de nosotros perderá la vida”,  porque aunque el barco se hunda y se destruya, Dios en su bondad nos ha concedido protección y aún a pesar de la tormenta, Dios nos sigue hablando, guiando,  y cuidando.

Es hermoso saber que si estamos en una tormenta, Dios nos protegerá y nos hará llegar a destino, pero aun teniendo esa convicción, para muchos de nosotros se torna difícil creer que todos llegaremos a buen puerto y a salvo , mientras vemos que nuestro barco se destruye. En momentos así nuestra humanidad resurge y nos cuestionamos incluso la posibilidad de que Dios nos haya abandonado, cuando en realidad Él en su amor nos quiere enseñar que ese destino no depende del barco. “Llegar a la meta no depende de tu posición, tu dinero o tu trabajo, y aunque todo en tu vida se hunda ¡No temas! Porque Dios en su bondad te llevará al destino que ÉL escribió para ti”.

Avanzando en la historia de Pablo, en Hechos 27:43-44 vemos como la palabra de Dios a través del ángel se cumple, y el barco se destruyó por completo y varios llegaron a destino nadando y otros afirmados de pequeños pedazos de madera, pero aun así todos llegaron a destino, sanos y salvos.  La misma situación ocurre en nuestra vida, ya que en nuestras tormentas hemos sido tan afligidos que hemos perdido todo, y  solo nos queda un pequeño pedazo de madera al cual aferrarnos  para llegar a la meta. Y es maravilloso saber que solo con ese pequeño pedazo basta para llegar a la orilla:  Dios puede hacer mucho con un pedazo de madera,  y si Él lo dijo ¡Él lo hará!

Después de haber sobrevivido a la gran tormenta que destruyó todo a su paso, cuando creemos que hemos terminado el proceso, nos vemos enfrentados a la mordida de la serpiente. Tal como le ocurrió a Pablo en Hechos 28:1, aún sin poder reponernos del proceso vivido, el diablo nos vuelve a atacar para intentar matarnos. Por ello es necesario que recordemos que si Dios nos hizo prevalecer en la tormenta, ninguna serpiente tendrá la autoridad para destruirnos, y así como Pablo al verse mordido por la serpiente solo sacudió su mano y siguió, así mismo debemos hacerlo nosotros.  Todos se sorprendieron al ver que la serpiente no mató a Pablo y así también ocurrirá con nosotros: Toda la gente a nuestro alrededor se sorprenderá de que hayamos sobrevivido al proceso. Dios nos enseña que al pasar por el proceso, esto nos da autoridad sobre la serpiente. Porque la misma mano que el diablo te mordió, es la misma mano que Dios usará para que des testimonio y tengas autoridad para bendecir y llevar sanidad a otros.

Recuerda el infierno del que Dios te sacó y adóralo con todas tus fuerzas, porque pasar por la tormenta, no solo te entrega autoridad y la capacidad de bendecir a otros, sino también de obtener un mayor “peso de gloria” (2 Corintios 4:17 – 18).

Así aprendemos entonces, que tal como Dios lo hizo todo “perfecto” en su sabiduría infinita, la tormenta que usa para procesar nuestro carácter y llevarnos a destino, también es “perfecta”.  No nos conformemos con la provisión que Dios nos da en el desierto, busquemos más de Él y derrotemos la serpiente. Ya somos más que vencedores porque Jesús pagó el precio por nosotros y ninguna circunstancia de nuestra vida puede cambiar eso. Si Dios te sacó de una tormenta, no es solo para bendecirte, sino para que puedas bendecir a otros. Recuerda que la bendición de Dios supera las maldiciones del diablo y tarde que temprano, aunque todo en tu vida se destruya, el propósito que Él escribió con amor para nuestra vida se cumplirá.

¡Amén!

Pr. Israel Chaparro