Manos en el arado

1 Reyes 19:19-21 (RVR1960)
“Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto. Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo? Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.”
Cuando Dios quiso levantar al próximo profeta de Israel, no fue a buscarlo a una escuela de profetas. Lo encontró trabajando.
Eliseo tenía sus manos en el arado. Antes de tener un manto sobre sus hombros, tenía un arado en sus manos. Antes de desarrollar un don profético, había desarrollado disciplina, responsabilidad y constancia.
Dios muchas veces desarrolla en lo ordinario el carácter que necesitarás para administrar lo extraordinario. El don puede llegar en un momento, pero el carácter se forma todos los días.
1. MANOS EN EL ARADO
Eliseo estaba trabajando cuando Elías lo encontró. Esto se conecta poderosamente con las palabras de Jesús:
Lucas 9:62 (RVR1960)
“Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.”
Lucas 9:62 (TLA)
“Jesús le dijo: —No se puede pertenecer al reino de Dios y hacer lo mismo que hace un mal campesino. Al que se pone a arar el terreno y vuelve la vista atrás, los surcos le salen torcidos.”
Para arar correctamente había que mirar hacia adelante. El problema de mirar hacia atrás es que termina torciendo lo que estás construyendo hacia adelante.
PON TUS MANOS EN EL ARADO, PERO TU CORAZÓN EN JESÚS
El arado puede representar tu trabajo, empresa, profesión, ministerio, proyecto o responsabilidad.
Pon tus manos allí. Trabaja. Sé excelente. Sé responsable.
Pero no pongas tu corazón en el arado. Porque el arado puede cambiar.
• La temporada puede cambiar.
• El trabajo puede cambiar.
• La posición puede cambiar.
• El ministerio puede cambiar.
Pon tus manos en el arado, pero pon tu corazón en Jesús. Porque si tu corazón está en el arado, cuando pierdas el arado perderás también tu propósito. Pero si tu corazón está en Jesús, Él puede cambiarte de arado sin quitarte el propósito.
2. DOCE YUNTAS
La Biblia nos entrega un detalle: Eliseo estaba arando con doce yuntas de bueyes. Una yunta corresponde a dos animales trabajando juntos. Estamos hablando de una operación agrícola considerable.
Y el texto agrega: “…y él tenía la última.”
No necesitamos convertir el último lugar en algo negativo. Porque hay personas que creen que para ser importantes siempre tienen que estar adelante. Pero Dios encontró a Eliseo atrás. A David también lo encontró detrás de las ovejas.
Hay temporadas donde puedes sentir que estás detrás, escondido, haciendo cosas que nadie reconoce. Pero que los hombres no te vean no significa que Dios no sepa dónde estás.
Lucas 13:30 (RVC)
“Pero habrá algunos últimos que serán primeros, y algunos primeros que serán últimos.”
1 Samuel 2:8 (RVR1960)
“Él levanta del polvo al pobre, y del muladar exalta al menesteroso, para hacerle sentar con príncipes y heredar un sitio de honor.”
Dios sabe dónde encontrarte. Elías no tuvo que publicar una convocatoria buscando al próximo profeta. Dios sabía exactamente en qué campo estaba Eliseo.
DIOS LO ENCONTRÓ TRABAJANDO
Esto me impresiona. Dios no encontró a Eliseo esperando que alguien descubriera su talento. Lo encontró trabajando.
• Jacob trabajó años por aquello que amaba.
• David cuidaba ovejas.
• Moisés cuidaba las ovejas de Jetro cuando Dios se le manifestó.
• Pedro y Andrés estaban echando sus redes cuando Jesús los llamó.
• Eliseo estaba arando.
Hay llamados extraordinarios que comienzan en días completamente ordinarios.
No menosprecies tu rutina. No menosprecies tu trabajo. No menosprecies el lugar donde estás hoy. Porque quizás el campo donde estás trabajando es exactamente el lugar donde Dios está formando al hombre que necesitará mañana.
3. LA GENEROSIDAD DE ELISEO
1 Reyes 19:21 (RVR1960)
“Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen.”
Aquí aparece algo tremendo. Después de recibir el llamado, la primera cosa que vemos hacer a Eliseo no es profetizar. No predicó. No hizo un milagro. No buscó una plataforma.
DIO. Su llamado comenzó con una ofrenda.
Primero pidió despedirse de su padre y de su madre. Después tomó un par de bueyes, los sacrificó, utilizó el arado para preparar la carne y dio de comer al pueblo.
Durante mucho tiempo podemos leer este texto pensando que Eliseo sacrificó las doce yuntas. Pero el texto no dice eso. Dice: “tomó un par de bueyes”. Sacrificó una yunta. Probablemente la misma con la que él estaba trabajando, aunque el texto no lo especifica.
Y aquí encuentro un principio poderoso:
El hombre que más tarde pediría una doble porción, primero estuvo dispuesto a entregar su porción.
Antes de pedir “Te ruego que una doble porción de tu espíritu sea sobre mí”, Eliseo ya había aprendido a sacrificar. Antes de recibir una doble porción, entregó su porción.
Hay personas que quieren recibir una doble porción, pero nunca han aprendido a entregar una porción.
• Quieren cosecha sin semilla.
• Quieren multiplicación sin entrega.
• Quieren manto sin sacrificio.
Pero Eliseo entendía algo. Era agricultor. Un agricultor sabe que para cosechar algo primero tiene que soltar una semilla. Eliseo aprendió a sembrar y cosechar antes de aprender a profetizar.
Antes del don profético hubo carácter. Antes del milagro hubo generosidad. Antes del manto hubo una semilla.
El don es regalo de Dios, pero Dios trabaja nuestro carácter para que podamos administrar aquello que nos entrega.
4. ¿QUÉ PASÓ CON LAS OTRAS ONCE YUNTAS?
La Biblia no nos lo dice. Y precisamente por eso no deberíamos afirmar qué sucedió con ellas. Pero sí sabemos algo: Eliseo no necesitó destruir las doce yuntas para demostrar que había respondido al llamado. Sacrificó la yunta asociada a su trabajo y se levantó para seguir a Elías.
Las otras yuntas nos recuerdan un principio importante: responder al llamado de Dios no significa necesariamente destruir aquello que Dios te permitió construir.
Negocios y ministerio no tienen por qué ser enemigos. Trabajo y llamado no tienen por qué competir.
El problema nunca fue que Eliseo tuviera un campo. El problema habría sido que el campo tuviera a Eliseo.
TEN TUS MANOS EN EL ARADO, PERO NO DEJES QUE EL ARADO TENGA TU CORAZÓN.
Cuando Dios te llama a una nueva temporada, debes tener la libertad de soltar lo que tengas que soltar.
• Hay cosas que tendrás que entregar.
• Hay cosas que podrás delegar.
• Y habrá cosas que podrán continuar sin ti.
Una señal de crecimiento es que lo que construiste pueda seguir funcionando sin que tengas que controlarlo todo.
No sabemos cómo administró la familia de Eliseo las otras yuntas después de su partida. Pero sí sabemos que Eliseo se fue. Su llamado era más grande que su necesidad de controlar aquello que dejaba atrás.
5. “Y LE SERVÍA”
1 Reyes 19:21 (RVR1960)
“…Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.”
¡Qué poderoso! El manto lo llamó, pero el servicio lo formó.
Antes de abrir el Jordán, Eliseo tuvo que aprender a servir. Antes de recibir la doble porción, tuvo que caminar detrás de Elías. Antes de cargar públicamente el manto, tuvo que vivir privadamente el proceso.
Y años después, cuando alguien pregunta si existe un profeta de Jehová, mira cómo recuerdan a Eliseo:
2 Reyes 3:11 (RVR1960)
“Mas Josafat dijo: ¿No hay aquí profeta de Jehová, para que consultemos a Jehová por medio de él? Y uno de los siervos del rey de Israel respondió y dijo: Aquí está Eliseo hijo de Safat, que servía a Elías.”
La expresión hebrea detrás de esta descripción alude literalmente a que Eliseo derramaba agua sobre las manos de Elías. ¡Ese era su currículum!
No dijeron “Eliseo, el ungido”, “Eliseo, el profeta poderoso” ni “Eliseo, el sucesor”. Lo identificaron por su servicio.
En el Reino, tu grandeza no se demuestra por cuánta gente te sirve, sino por tu disposición para servir.
1 Pedro 4:10 (RVC)
“Ponga cada uno al servicio de los demás el don que haya recibido, y sea un buen administrador de la gracia de Dios en sus diferentes manifestaciones.”
El don que Dios te dio no es solamente para ti. Es para ponerlo al servicio de otros. Todo comienza entendiendo: somos servidores, no señores.
EL RECORRIDO DE ELISEO
ARADO → SACRIFICIO → GENEROSIDAD → SERVICIO → MANTO → DOBLE PORCIÓN
Nada comenzó con la doble porción. Comenzó en un campo. Con un hombre trabajando. Con las manos en el arado.
Dios encontró un hombre que sabía trabajar. Después encontró un hombre dispuesto a entregar. Después encontró un hombre dispuesto a servir. Y finalmente pudo confiarle una doble porción.
Porque quizás la doble porción no comienza cuando levantas tus manos para recibir; comienza cuando abres tus manos para entregar.
Eliseo soltó el arado. Pero nunca perdió aquello que el arado había producido dentro de él: disciplina, constancia, responsabilidad, generosidad y servicio.
Y cuando llegó el día de recoger el manto de Elías, no era simplemente un hombre que quería unción. Era un hombre cuyo carácter había sido preparado para cargarla.
“Antes de poner el manto sobre tus hombros, Dios trabaja tu corazón mientras todavía tienes las manos en el arado.”



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