Solucionando problemas

2 Reyes 2:19-21 (NTV)
“Cierto día, los líderes de la ciudad de Jericó fueron a visitar a Eliseo. —Tenemos un problema, señor —le dijeron—. Como puedes ver, esta ciudad está situada en un entorno agradable, pero el agua es mala y la tierra no produce. Eliseo dijo: —Tráiganme un recipiente nuevo y pónganle sal. Así que se lo llevaron y Eliseo fue hasta el manantial que suministraba el agua a la ciudad, le echó la sal y dijo: «Esto dice el Señor: ‘Yo he purificado el agua, ya no causará muerte ni esterilidad’».”
Este es uno de los primeros milagros de Eliseo después de recibir el manto. Y me llama la atención que el nuevo manto no solamente le dio una nueva posición: le dio una nueva capacidad para solucionar problemas.
El nuevo manto que Dios derrama sobre tu vida es para solucionar problemas.
La unción no es solamente para hacernos sentir algo; es para capacitarnos para hacer algo. No somos parte del problema; somos parte de la solución.
Los líderes de Jericó buscaron al hombre de Dios porque había un problema que ellos no podían resolver. Y no era solamente un problema dentro de una reunión:
• No era un problema de un grupo de líderes.
• No era un problema religioso.
• Era un problema que afectaba a toda una ciudad.
Cuando la unción sobre tu vida crece, también crece el radio de tu influencia.
Dios quiere levantar una Iglesia que tenga respuestas no solamente para lo que ocurre dentro del templo, sino también para lo que está ocurriendo afuera.
1. UNA MENTALIDAD DE REINO
Antes de seguir a Elías, Eliseo ya había demostrado que tenía una mentalidad que iba más allá de sí mismo. Cuando Elías lo llamó, Eliseo sacrificó sus bueyes, utilizó el arado como leña y dio de comer al pueblo.
Desde el principio vemos algo en él:
Eliseo no vivía solamente para sí mismo.
Creo que Dios nos está llamando como Iglesia a dejar de pensar solamente en nosotros y comenzar a pensar en nuestra ciudad.
Proverbios 11:11 (NTV)
“Los ciudadanos íntegros son de beneficio para la ciudad y la hacen prosperar, pero las palabras de los perversos la destruyen.”
La presencia de gente justa debería convertirse en una bendición para una ciudad.
Jeremías 29:7 (RVC)
“Busquen la paz de la ciudad a la que permití que fueran llevados. Rueguen al Señor por ella, porque si ella tiene paz, también tendrán paz ustedes.”
No podemos ser indiferentes ni apáticos frente a lo que ocurre a nuestro alrededor. Una Iglesia con mentalidad de Reino no pregunta solamente: “¿Cómo estamos nosotros?”, sino también: “¿Cómo está nuestra ciudad?”.
No fuimos llamados a escondernos de la ciudad. Fuimos llamados a bendecirla.
2. EL VERDADERO PROBLEMA ERA EL AGUA
2 Reyes 2:19 (NBV)
“Entonces un grupo de ciudadanos notables de Jericó visitaron a Eliseo: ―Tenemos un problema —le dijeron—. Esta ciudad tiene una localización muy hermosa, como puede usted ver; pero el agua es mala y hace que la tierra sea improductiva.”
Esta declaración es impresionante: “La ciudad se ve bien… pero algo está mal”.
Exteriormente era agradable. Tenía una buena ubicación. Parecía una buena tierra. Pero había un problema interno.
Todo se veía bien, pero nada producía bien.
Podemos vivir de apariencias por un tiempo, pero no podemos producir fruto de apariencias.
Jesús encontró algo parecido con la higuera.
Marcos 11:13 (NTV)
“Vio que a cierta distancia había una higuera frondosa, así que se acercó para ver si encontraba higos; pero solo tenía hojas…”
Tenía hojas. Tenía apariencia. Se veía saludable. Pero no tenía fruto.
La Biblia nunca dijo: “Por sus hojas los conocerán”. Jesús dijo:
Mateo 7:16 (NBLA)
“Por sus frutos los conocerán.”
Las hojas pueden impresionar a la gente; el fruto revela quiénes somos.
Jericó tenía un problema interno:
• El problema no era la ubicación.
• El problema no era la belleza de la ciudad.
• El problema ni siquiera era directamente la tierra.
¡El problema era lo que estaba alimentando la tierra! El agua estaba contaminada y todo lo que recibía de esa fuente terminaba siendo estéril.
Lo que te alimenta termina determinando lo que produces.
• Puedes tener dones.
• Puedes tener recursos.
• Puedes tener oportunidades.
• Puedes tener una buena posición.
Pero si estás bebiendo de la fuente incorrecta, pierdes la capacidad de producir. Cuando el agua está mal, el fruto estará mal. Pero cuando bebemos del agua correcta, comienza a fluir vida y vuelve la capacidad de producir fruto.
No solamente tenemos que preguntarnos: “¿Qué estoy produciendo?”. También: “¿De qué fuente estoy bebiendo?”.
3. DIOS NO SOLO VE EL PROBLEMA, DIOS TRAE UNA SOLUCIÓN
2 Reyes 2:20-22 (NBV)
“―Bien —les dijo—, tráiganme una vasija nueva llena de sal. Ellos hicieron lo que les pidió. Entonces Eliseo se dirigió al manantial… y lanzando la sal en el manantial, declaró: ―El Señor ha purificado estas aguas. Ya no causarán más muerte ni esterilidad.”
Aquí encontramos dos elementos: una vasija nueva y sal.
A. “TRÁIGANME UNA VASIJA NUEVA”
¿Por qué una vasija nueva? Porque Dios estaba anunciando que algo nuevo comenzaba. Jesús enseñó que el vino nuevo necesita odres nuevos.
No podemos esperar nuevos resultados insistiendo siempre en las mismas estructuras, mentalidades y métodos. Hay momentos en los que el mensaje no cambia, pero la estrategia sí debe cambiar.
• La Palabra no cambia.
• Cristo no cambia.
• El Evangelio no cambia.
Pero nuestras vasijas tienen que estar disponibles para ser renovadas. Dios está buscando hombres y mujeres con una mentalidad renovada, capaces de cargar lo que Él quiere derramar en esta generación.
Una nueva temporada requiere una nueva mentalidad.
B. “LLÉNENLA DE SAL”
La vasija era nueva, pero no podía estar vacía. Tenía que estar llena de sal. Jesús dijo:
Mateo 5:13 (RVC)
“Ustedes son la sal de la tierra.”
La sal habla de varias características que necesitamos recuperar.
Sal como preservador: santidad
Antes de que existiera la refrigeración moderna, la sal se utilizaba para preservar los alimentos y retrasar su corrupción. La Iglesia está llamada a vivir en medio de una generación sin adoptar su corrupción.
Santidad no significa aislamiento; significa pertenecerle a Dios en medio de una generación que necesita verlo.
No fuimos llamados a escapar del mundo. Fuimos llamados a entrar en él sin permitir que el mundo entre en nosotros.
La sal funciona cuando entra en contacto con aquello que necesita preservar.
Jeremías 15:19 (RVR1960)
“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.”
Sal como elemento de sanidad: perdón y paz
La sal también tuvo usos históricos asociados con la limpieza y el tratamiento de heridas. Y Jesús conecta la imagen de la sal con nuestras relaciones.
Marcos 9:50 (NTV)
“La sal es buena para condimentar, pero si pierde su sabor, ¿cómo la harán salada de nuevo? Entre ustedes deben tener las cualidades de la sal y vivir en paz unos con otros.”
Hay personas heridas intentando sanar a personas heridas. Pero Dios quiere levantar una Iglesia sana para sanar.
No podemos transformar una ciudad cargando dentro de nosotros las mismas heridas, divisiones y amarguras que están destruyendo la ciudad. Necesitamos perdón, reconciliación y paz.
Una Iglesia sana puede convertirse en instrumento de sanidad.
Sal del pacto: generosidad
Levítico 2:13 (RVR1960)
“Y sazonarás con sal toda ofrenda que presentes, y no harás que falte jamás de tu ofrenda la sal del pacto de tu Dios; en toda ofrenda tuya ofrecerás sal.”
La sal acompañaba las ofrendas y era llamada “la sal del pacto”. Nuestra generosidad también revela nuestro corazón. No damos solamente para recibir más:
• Damos por amor.
• Damos por gratitud.
• Damos porque entendemos que todo lo que tenemos viene de Dios.
Isaías 32:8 (RVC)
“Pero el generoso piensa en ser generoso, y por su generosidad será exaltado.”
La generosidad ensancha nuestra influencia.
Una Iglesia generosa puede tocar necesidades que un discurso nunca tocará.
4. ELISEO FUE DIRECTAMENTE A LA FUENTE
Hay un detalle poderoso: Eliseo no comenzó tratando la tierra. Fue al manantial. No trató solamente los síntomas. Fue al origen.
Si hubiera tratado solamente la tierra, el problema habría regresado, porque el agua continuaría contaminada.
Dios no quiere solamente cambiar nuestros frutos; quiere sanar nuestra fuente.
A veces estamos tratando de arreglar las consecuencias cuando Dios quiere tocar la raíz. Eliseo echó la sal en el manantial.
Cuando Dios sana la fuente, todo lo que está conectado a ella comienza a recibir vida.
• Si cambia la fuente, cambia el fruto.
• Si sana la fuente, sana la tierra.
• Si cambia lo que te alimenta, cambia lo que produces.
5. LA UNCIÓN NOS CONVIERTE EN RESPUESTA
La solución de Dios para Jericó fue poner algo correcto dentro de una vasija nueva y enviarla hacia un lugar contaminado. Creo que esa sigue siendo una imagen poderosa de la Iglesia.
Nosotros somos las vasijas.
Dios está buscando hombres y mujeres (jóvenes, adultos, familias, empresarios, profesionales, trabajadores, estudiantes) con una mente renovada y un espíritu correcto. Vasijas nuevas llenas de sal:
• Llenas de la Palabra.
• Llenas de la presencia de Dios.
• Llenas del Espíritu Santo.
• Llenas de sabiduría.
• Llenas de santidad.
• Llenas de perdón.
• Llenas de generosidad.
Y Dios dice: “Ahora vayan al manantial”. Vayan donde están los problemas. Vayan donde hay esterilidad. Vayan donde algo necesita ser sanado.
Porque la solución no es encerrarnos en una burbuja para evitar que nos afecte lo que sucede en nuestra ciudad o en nuestro país.
Dios nos puso aquí para ser influencia.
NO SOMOS PARTE DEL PROBLEMA
El nuevo manto sobre Eliseo no fue para que todos admiraran su manto. Fue para que una ciudad pudiera beber agua sana. Ese es el propósito de la unción.
No es solamente lo que Dios hace en nosotros. Es lo que Dios quiere hacer a través de nosotros.
No somos una Iglesia dominada por el temor. Somos una Iglesia edificada sobre la Roca que es Cristo. Una Iglesia que mira con los ojos de la fe. Una Iglesia que cree que Dios todavía puede transformar familias, barrios, ciudades y naciones.
No somos parte del problema. Somos parte de la solución. Dios está levantando vasijas nuevas llenas de sal.
Hombres y mujeres que no escaparán de los problemas, sino que llevarán la presencia de Dios directamente a la fuente.



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