Un lugar en la mesa del Rey

Dios nos restituye, nos levanta del fracaso y nos devuelve nuestra identidad.
2 Samuel 9:1-13
La gracia de Dios no solamente nos rescata del lugar donde caímos; nos restaura, nos devuelve nuestra identidad y nos prepara un lugar en su mesa.
Hay caídas que cambian nuestra manera de caminar, pero ninguna caída tiene el poder de cancelar el propósito que Dios estableció sobre nuestra vida.
DEL FRACASO A LA MESA DEL REY
La vida está llena de victorias, pero también de derrotas. Todos celebramos el éxito, pero pocas veces sabemos cómo enfrentar el fracaso.
Sin embargo, debemos entender algo: Dios no solamente trabaja con nuestras victorias; también puede utilizar nuestros fracasos para formar nuestro carácter y cumplir su propósito.
Hay personas que no han podido avanzar porque siguen viviendo emocionalmente en el lugar donde un día cayeron.
El problema no siempre es lo que nos sucedió, sino lo que comenzamos a creer acerca de nosotros mismos después de lo que nos sucedió.
Mefiboset es un ejemplo extraordinario de esta realidad. Era nieto del rey Saúl, hijo de Jonatán y descendiente de una familia real. Sin embargo, terminó viviendo lejos del palacio, marcado por una tragedia que nunca escogió. Nació en una familia real, pero terminó viviendo como alguien que había perdido su herencia.
EL ORIGEN DE SU CAÍDA
2 Samuel 4:4 (RVR1960)
“Y Jonatán hijo de Saúl tenía un hijo lisiado de los pies. Tenía cinco años de edad cuando llegó de Jezreel la noticia de la muerte de Saúl y de Jonatán, y su nodriza le tomó y huyó; y mientras iba huyendo apresuradamente, se le cayó el niño y quedó cojo. Su nombre era Mefi-boset.”
Mefiboset tenía solamente cinco años cuando perdió a su padre, a su abuelo y la estabilidad de su hogar. Su nodriza intentó protegerlo, pero en medio de la desesperación lo dejó caer.
¡Qué tremendo! Mefiboset no quedó lisiado por una decisión que tomó, sino por una caída que sufrió mientras alguien más lo llevaba.
Hay heridas que son consecuencia de nuestras decisiones, pero también existen heridas que recibimos por las decisiones de otros:
• Algunos fueron heridos por personas en quienes confiaban.
• Otros fueron abandonados por quienes debían protegerlos.
• Otros fueron marcados por experiencias que jamás escogieron.
Pero hay una buena noticia:
¡Aunque otros te hayan dejado caer, Dios todavía puede levantarte!
1. DIOS NO NOS AMA MENOS CUANDO FRACASAMOS
2 Samuel 9:8 (RVR1960)
“Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?”
Observemos cómo Mefiboset se presenta delante de David. No dice: «Soy hijo de Jonatán». Tampoco dice: «Soy nieto de un rey». Dice: «Soy un perro muerto».
¡Había perdido la perspectiva de su verdadera identidad!
La tragedia no solamente había afectado sus pies; también había afectado la manera en que se veía a sí mismo. Una de las consecuencias más peligrosas del fracaso es comenzar a identificarnos con aquello que nos sucedió.
• No es lo mismo decir «fracasé» que decir «soy un fracasado».
• No es lo mismo haber sido rechazado que vivir creyendo que no merecemos ser amados.
A. DIOS ENTIENDE NUESTRA CONDICIÓN
Salmos 103:14 (RVR1960)
“Porque él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo.”
Dios conoce nuestras debilidades, nuestras limitaciones y nuestras heridas. Él no se sorprende cuando descubre nuestra fragilidad.
Dios conoce nuestra condición, pero no permite que nuestra condición defina nuestra identidad.
B. DIOS SANA NUESTRA CONDICIÓN
Salmos 147:3 (RVR1960)
“Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas.”
El Señor no solamente nos perdona cuando pecamos; también nos restaura cuando estamos quebrantados. David no llamó a Mefiboset para recordarle su tragedia. Lo llamó para mostrarle misericordia.
El fracaso puede cambiar tus circunstancias, pero jamás podrá cambiar el amor que Dios tiene por ti.
2. DIOS NOS SACA DEL LUGAR DONDE EL DOLOR NOS DEJÓ
2 Samuel 9:5 (RVR1960)
“Entonces envió el rey David, y le trajo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lodebar.”
Mefiboset vivía en Lodebar. El nombre Lodebar suele asociarse en la predicación con la idea de un lugar sin palabra, sin pastos o sin fruto. Aunque su etimología exacta es discutida, podemos utilizar su situación como una imagen espiritual de aislamiento y pérdida.
Mefiboset había pasado de una familia real a vivir lejos del palacio. Pero un día ocurrió algo extraordinario: ¡el rey comenzó a buscarlo!
2 Samuel 9:1 (RVR1960)
“Dijo David: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?”
Mefiboset no estaba buscando al rey. ¡El rey estaba buscando a Mefiboset! Esta es una hermosa imagen de la gracia de Dios.
La gracia nos alcanza aun cuando no tenemos las fuerzas para levantarnos por nosotros mismos.
A. TU CONDICIÓN NO CANCELA EL PACTO
David tenía un pacto con Jonatán (1 Samuel 20:14-17). Y aunque Jonatán había muerto, David seguía recordando su compromiso. El pacto era más grande que la condición de Mefiboset.
Mefiboset pensaba que su historia estaba terminada, pero David todavía tenía algo preparado para él. De la misma manera, nuestra esperanza delante de Dios no descansa en nuestros méritos, sino en la gracia que recibimos por medio de Jesucristo.
El dolor puede llevarte a Lodebar, pero la gracia de Dios sabe exactamente dónde encontrarte.
• Tu temporada de aislamiento no significa que Dios se haya olvidado de tu nombre.
• Cuando Dios decide restituirte, ni la distancia ni tu condición pueden impedir que su gracia te alcance.
B. RECUPERA TU CONFIANZA EN DIOS
Salmos 139:1-3 (RVR1960)
“Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos.”
Dios sabía dónde estaba Mefiboset, así como conoce cada detalle de nuestra historia. Quizás otros se olvidaron de ti. Quizás algunos solamente recuerdan tu caída.
¡Pero Dios conoce tu nombre, tu historia y el propósito que tiene para tu vida!
3. NO PERMITAS QUE LAS PERSONAS QUE TE DEJARON CAER DETERMINEN TU FUTURO
La nodriza de Mefiboset tenía una responsabilidad: protegerlo. Sin embargo, en medio del temor y de la desesperación, lo dejó caer.
El texto bíblico no afirma que ella quisiera dañarlo ni que posteriormente lo abandonara. Lo que sí sabemos es que una acción apresurada tuvo consecuencias permanentes en la vida del niño.
No todas las personas que nos causan daño tienen malas intenciones, pero las buenas intenciones no siempre producen buenos resultados.
A. EL TEMOR PUEDE LLEVARNOS A TOMAR DECISIONES EQUIVOCADAS
La nodriza huyó porque tuvo miedo. Su intención era proteger al niño, pero su desesperación terminó provocando una caída. El temor puede hacernos actuar apresuradamente y producir consecuencias que jamás imaginamos.
Cuando permitimos que el temor gobierne nuestras decisiones, podemos terminar dañando aquello que intentábamos proteger.
¡Tenemos que tener mucho cuidado con quién nos está cargando!
El espíritu de la nodriza hoy nos desconecta del propósito. Ella no es padre ni madre: te puede aconsejar, pero no te dará identidad ni heredad.
B. HAY CONSEJOS BIEN INTENCIONADOS QUE PUEDEN ALEJARNOS DEL PROPÓSITO
Mateo 16:22-23
Pedro intentó convencer a Jesús de que evitara el sufrimiento que había anunciado. Pedro amaba a Jesús, pero en ese momento estaba mirando las circunstancias desde una perspectiva humana. Jesús lo reprendió porque aquel consejo se oponía al camino que debía cumplir.
¡No todo consejo que nace del afecto está alineado con la voluntad de Dios!
Necesitamos discernimiento para reconocer qué voces nos acercan al propósito y cuáles nos alejan de él.
C. NO PERMITAS QUE UNA CAÍDA DETERMINE TODA TU VIDA
Mefiboset tenía cinco años cuando cayó, pero muchos años después seguía viviendo con las consecuencias de aquella caída. Hay personas que llevan años definiendo su presente por algo que les ocurrió en el pasado.
¡Pero tu historia no tiene que terminar donde sufriste tu caída!
Quizás no pudiste evitar que te dejaran caer, pero por la gracia de Dios puedes levantarte y caminar hacia el futuro que Él tiene para ti.
4. DIOS NOS LLAMA A RECUPERAR LO QUE HABÍAMOS PERDIDO
Jeremías 6:16 (RVR1960)
“Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma.”
El fracaso puede convertirse en una oportunidad para detenernos, examinarnos y regresar a lo esencial. En su contexto, Jeremías estaba llamando al pueblo de Dios a abandonar sus malos caminos y regresar a la obediencia. Esta enseñanza también nos invita a evaluar nuestra vida espiritual. Quizás necesitamos recuperar:
• Nuestra intimidad con Dios.
• La pureza de nuestras motivaciones.
• Nuestra confianza en sus promesas.
• Nuestra obediencia a su Palabra.
• El primer amor que alguna vez tuvimos.
Gálatas 6:3 (RVR1960)
“Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña.”
El éxito puede hacernos olvidar nuestra dependencia de Dios, mientras que el fracaso puede recordarnos cuánto lo necesitamos. Pero no debemos esperar una caída para regresar a su presencia.
La restitución no siempre comienza recuperando lo que perdiste; muchas veces comienza regresando al Dios de quien te alejaste.
5. LA RESTITUCIÓN DE DIOS ALCANZA TRES ÁREAS DE NUESTRA VIDA
2 Samuel 9:7 (RVR1960)
“Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa.”
¡Este versículo es extraordinario! David le hace tres declaraciones a Mefiboset que representan tres dimensiones de la restitución.
A. DIOS RESTITUYE NUESTRA SEGURIDAD: «NO TENGAS TEMOR»
Lo primero que David le dice es: «No tengas temor». Antes de hablarle de tierras, herencias o privilegios, David trata con su miedo. Mefiboset tenía razones para sentir temor: era descendiente de Saúl, cuya casa había perdido el trono. Pero David no lo llamó para destruirlo, sino para mostrarle misericordia.
La primera palabra de restitución que recibió Mefiboset fue una palabra de seguridad.
Hay personas que no pueden disfrutar lo que Dios les ha dado porque todavía viven gobernadas por el temor de lo que perdieron.
Dios no solamente quiere sacarte del lugar de tu fracaso; también quiere sacar el temor que ese fracaso dejó dentro de ti.
B. DIOS RESTITUYE NUESTRA HERENCIA: «TE DEVOLVERÉ TODAS LAS TIERRAS»
David no solamente tuvo compasión de Mefiboset: ¡le devolvió las tierras de su familia! Mefiboset había perdido el acceso a una herencia, pero el rey ordenó que le fuera restituida.
Aquí encontramos una verdad espiritual: en Cristo hemos recibido una herencia que no depende de nuestra capacidad, sino de nuestra condición de hijos.
Gálatas 4:7 (RVR1960)
“Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.”
El enemigo quiere que vivamos como esclavos, aun cuando Dios nos ha llamado hijos.
No puedes disfrutar plenamente tu herencia mientras sigas pensando como esclavo. La gracia no solamente te perdona el pasado; también te abre los ojos a la herencia que tienes en Cristo.
C. DIOS RESTITUYE NUESTRA IDENTIDAD: «COMERÁS SIEMPRE A MI MESA»
Esta es la declaración más poderosa. David no solamente le devolvió propiedades: ¡le dio un lugar permanente en su mesa!
2 Samuel 9:11 (RVR1960)
“Y Mefi-boset, dijo el rey, comerá a mi mesa, como uno de los hijos del rey.”
¡Como uno de los hijos del rey! Mefiboset llegó delante de David llamándose a sí mismo «perro muerto», pero David lo recibió como alguien de su propia familia.
Mefiboset se veía como un perro muerto, pero el rey lo trató como a uno de sus hijos. ¡Qué imagen de la gracia!
El dolor había distorsionado la percepción que Mefiboset tenía de sí mismo, pero la misericordia del rey le devolvió un lugar de honra.
La restitución más grande no es recuperar las cosas que perdiste, sino volver a reconocer quién eres delante de Dios.
6. TU CONDICIÓN NO DETERMINA TU POSICIÓN EN LA MESA
2 Samuel 9:13 (RVR1960)
“Y moraba Mefi-boset en Jerusalén, porque comía siempre a la mesa del rey; y estaba lisiado de ambos pies.”
Este versículo tiene un detalle extraordinario: Mefiboset comía siempre a la mesa del rey, pero seguía lisiado de ambos pies.
¡David cambió su posición sin que necesariamente cambiara su condición física!
La Biblia no dice que Mefiboset fue sanado de sus pies. Dice que fue sentado a la mesa del rey. Esto nos enseña que la gracia de Dios no espera que seamos perfectos para acercarnos a Él. Su lugar en la mesa no dependía de la condición de sus piernas, sino de la palabra que el rey había dado.
¡Esto es poderoso! Quizás todavía estás atravesando procesos. Quizás todavía hay heridas que Dios está sanando. Quizás hay cosas de tu pasado que todavía estás aprendiendo a superar. Pero eso no significa que estés excluido de su presencia.
Tus heridas pueden explicar tu historia, pero no tienen autoridad para cancelar tu lugar en la mesa.
• No fue la capacidad de Mefiboset para caminar lo que lo llevó a la mesa; fue la misericordia del rey.
• La gracia no te invita a la mesa porque estás completo; te recibe para que vivas en comunión con Aquel que puede restaurarte.
HAY UN LUGAR PARA TI EN LA MESA DEL REY
Quiero terminar con esta imagen. Un día, Mefiboset estaba viviendo en Lodebar. Había perdido a su padre. Había perdido a su abuelo. Había perdido la posibilidad de caminar como antes. Había perdido el acceso a la herencia de su familia. Y había perdido la percepción de su propia dignidad.
Pero un día el rey preguntó: «¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia?». Y aquella pregunta cambió su historia.
• El hombre que vivía lejos del palacio terminó sentado a la mesa del rey.
• El hombre que se consideraba un perro muerto fue tratado como uno de los hijos del rey.
• El hombre que había perdido su herencia recibió restitución.
¡Y todo comenzó con la misericordia del rey!
En esta historia, David nos ofrece una hermosa figura de la gracia que encontramos plenamente en Jesucristo. Porque nosotros tampoco nos acercamos a Dios por nuestros propios méritos: nos acercamos por lo que Cristo hizo por nosotros.
Efesios 2:6 (RVR1960)
“Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús.”
¡Mira qué extraordinario! Mefiboset fue sentado a la mesa de David. ¡Pero nosotros hemos sido sentados con Cristo Jesús!
¡No naciste para quedarte viviendo en Lodebar!
• No permitas que una caída defina tu identidad.
• No permitas que el fracaso te robe tu confianza.
• No permitas que tus heridas te hagan olvidar que eres hijo de Dios.
¡Hay un lugar para ti en la mesa del Rey!
DE LODEBAR A LA MESA
Hoy oramos por tres grupos de personas:
• Aquellos que fueron heridos por otros y todavía viven con las consecuencias de aquella caída.
• Aquellos que han permitido que sus fracasos determinen su identidad y les roben la confianza en Dios.
• Aquellos que necesitan regresar a la intimidad con el Padre y recuperar la seguridad de que son sus hijos.
Hoy el Señor nos llama a responder a su gracia. No tenemos que quedarnos atrapados en nuestra historia de dolor. En Cristo hay perdón, restauración, identidad y una herencia eterna.
• Una caída puede cambiar tu manera de caminar, pero no puede cancelar el propósito de Dios.
• El fracaso es un acontecimiento de tu historia, no la definición de tu identidad.
• La gracia de Dios sabe encontrarte aun en los lugares donde todos te olvidaron.
• El pacto es más grande que tu condición.
• Dios no solamente quiere devolverte lo que perdiste; quiere restaurar lo que crees acerca de ti mismo.
La misericordia del Rey te da acceso donde tus fuerzas no pueden llevarte.
Mefiboset llegó sintiéndose indigno, pero terminó sentado como uno de los hijos del rey.
SE TERMINA LA MALDICIÓN SOBRE TU FAMILIA
Éxodo 20:5 (NTV)
“No te inclines ante ellos ni les rindas culto, porque yo, el SEÑOR tu Dios, soy Dios celoso, quien no tolerará que entregues tu corazón a otros dioses. Extiendo los pecados de los padres sobre sus hijos; toda la familia de los que me rechazan queda afectada, hasta los hijos de la tercera y la cuarta generación.”
La maldición comenzó con Saúl, su abuelo (primera generación); continuó sobre su padre, Jonatán (segunda generación); cayó sobre Mefiboset (tercera generación), y ya estaba operando sobre su hijo Micaía (cuarta generación de los que aborrecen al Señor).
2 Samuel 9:12 (RVR1960)
“Y tenía Mefi-boset un hijo pequeño, que se llamaba Micaía…”
Dios cortó esa maldición a través de la restitución hecha por mano de David a Mefiboset, para rescatarlos en gracia y sentarlo a su mesa todos los días de su vida desde ahí en adelante.
Dios restituyó su identidad, su posición y sus generaciones.



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